Nuestra primera sugerencia se encuentra en Aia, en la plaza del pueblo, junto al ayuntamiento y la iglesia. Se trata de un restaurante pequeño llevado por una familia del pueblo que prepara unos menús exquisitos. Siempre puedes elegir entre tres primeros y tres segundos platos para terminar con un postre que se denomina Aia y que es una delicia para los más golosos.
La vecina localidad de Orio es el lugar perfecto para disfrutar de pescado al estilo “Orio” con ese sofrito de ajos y cayena que tan bien acompaña a cualquier pescado, especialmente al besugo. Son muchos los restaurantes de Orio en los que se puede degustar este manjar, como el asador Joxe Mari, o el Katxiña, pero a nosotros nos gusta especialmente el Xixario. Todos son garantía para comer y/o cenar dejándote un sabor que resultará inolvidable.
Un lugar para degustar de un menú preparado por los alumnos de la escuela de hostelería de Karlos Argiñano en Zarautz y que se encuentra al inicio de la subida al alto de Orio, dirección Aia. Hay que reservar con tiempo y recordad que el restaurante está abierto en periodo de formación, es decir, de noviembre a junio más o menos.
Este asador de Getaria es un lugar que nos gusta recomendar para celebraciones especiales. Darse un homenaje aquí es un regalazo, un lujo para los sentidos y una bonita excusa para visitar el pueblo donde nació Juan Sebastián Elkano, primera persona en circunnavegar el mundo en su nao Victoria.
Este restaurante es una bonita opción, especialmente si se visita el museo Albaola en Pasajes de San Pedro. Basta con coger la motora en el embarcadero y cruzar a Pasajes de San Juan para disfrutar de este precioso pueblo y comer en un restaurante que guarda todo su carácter y donde se come de fábula.
Muchos de los huéspedes de Bizkar nos preguntan por sidrerías y a nosotros nos gusta recomendar Petritegi. En esta sidrería hay una Kupela (tonel de sidra) que nos recuerda cómo esta bebida impedía que los marineros vascos que se aventuraban a la caza de la ballena en Terranova en el siglo XVI, sufrieran el temible escorbuto. Y es que la presencia de muchas sidrerías en Gipuzkoa se debe a los “tolares” (lagar en euskera) que abastecían a las expediciones que zarpaban hacia Terranova para la caza de la ballena y la producción posterior de saín, aceite extraído de su grasa y que era el “petróleo” del siglo XVI.