Bizkar representa el renacimiento de un caserío que aspira a seguir siendo testigo del paso del tiempo y a esculpir con su presencia el paisaje de Gipuzkoa. En la ficha de Patrimonio Histórico de la Diputación Foral de Gipuzkoa se recoge que «el caserío se sitúa en lo alto de una amplia colina justo encima de Laurgain, desde donde disfruta de una de las panorámicas más hermosas de toda Gipuzkoa». La misma ficha señala que, «a pesar de no ser el emplazamiento ideal para un caserío antiguo por no disponer de agua en las inmediaciones, su ubicación en lo alto de una loma —tal y como indica la etimología del topónimo— lo convierte en uno de los caseríos con mejores vistas panorámicas de Gipuzkoa».
Según el estudio encargado a la Sociedad de Ciencias Aranzadi, el origen del caserío se sitúa en la segunda mitad del siglo XV. En 1508, Pedro Aguinaga, inquilino del caserío «Laurcayn Vyzcar», se comprometía a satisfacer 37 florines a un convecino al que había comprado recientemente un buey.
Este dato confirma la existencia de una edificación ya erigida y en plena actividad a comienzos del siglo XVI, lo que sitúa su construcción aproximadamente en la segunda mitad del siglo XV. Este origen viene corroborado por estudios arqueológicos recientes sobre los caseríos vascos, que sitúan la construcción de los primeros ejemplares conservados en la primera mitad de ese siglo.
El nombre «Laurcayn Vyzcar», que perduró hasta bien entrado el siglo XX, quedó integrado en el complejo agropecuario e industrial dependiente del cercano Palacio de Laurgain, hogar de la familia Lardizabal, uno de los linajes más influyentes de la comarca del Bajo Urola.
En 1533 el caserío pasó a formar parte del Mayorazgo de Laurgain, junto a otros caseríos —Reizta, Gaztañadizabal, Sarrola, Tolare, Iturraran, Sagastizabal, Mindi, Orbelaun e Iriondo— además de molinos y ferrerías como Agorregi.
Bizkar se arrendaba entonces por 140 ducados de oro anuales. Años más tarde, en 1770, el arrendatario debía pagar 2 ducados en moneda y, en especie, 18 fanegas de trigo, 7 de maíz, 2 carneros, 2 corderos, 12 libras de queso, 2 requesones, 2 capones, 2 gallinas, un carro de paja, un carro de leña o fiemo y 110 libras de tocino, además de seis jornadas de trabajo al servicio del Palacio de Laurgain.
Entre los testimonios históricos más interesantes vinculados a este lugar destaca un documento identificado por Aranzadi en el que se recoge la compraventa de un buey en el año 1508. Aunque se trata de un texto relacionado con una operación cotidiana de la época, su valor histórico va mucho más allá del propio contenido comercial.
En la segunda línea del documento fotografiado aparece la denominación “Laurcain Vizcar”, una referencia de gran interés porque constituye una de las menciones más antiguas conocidas de este nombre. Gracias a hallazgos como este, es posible seguir la pista de la evolución histórica del topónimo y entender mejor la relación entre el territorio actual y su pasado.
La fotografía de este texto permite acercarse no solo a un documento antiguo, sino también a una pequeña escena de la vida diaria de comienzos del siglo XVI, en la que una sencilla compraventa de un buey se convierte hoy en una valiosa huella de la memoria histórica del lugar.
La reconstrucción en 1779 respondió probablemente a un episodio destructivo, posiblemente un incendio, ya que no existen evidencias constructivas de la edificación anterior ni se conoce con certeza su fisonomía. Por lo tanto, la fisionomía actual, tras su rehabilitación en 2024, responde a las características de esta reconstrucción de 1779.
El estudio dendrocronológico previo a la rehabilitación permitió constatar que la madera empleada en la reconstrucción procede de árboles datados entre finales del siglo XVII y el último cuarto del XVIII, concretamente entre 1686 y 1778, con fechas de corte comprendidas entre 1758 y 1779.
La documentación histórica muestra también la participación de los inquilinos de caseríos vecinos en la reconstrucción de 1778. Se registran pagos de la propietaria, Juan Bautista Amezketa Laurgain —viuda de Joaquín Lardizabal— por el transporte de materiales: 138 reales al inquilino de Sagastizabal por trasladar 92 pies de árboles y 264 reales al de Mindi por transportar 24 carros de cal.
La rehabilitación de Bizkar ha permitido preservar su bella fachada de entramado y una estructura portante interior de carpintería simple, levantada sobre cuatro postes enterizos asentados sobre basas de piedra, que organizan el espacio en tres crujías paralelas a la cumbrera y otras tantas ortogonales.
Se ha mantenido así su estilo original al tiempo que se ha modernizado el confort y la eficiencia energética mediante un sistema de geotermia, suelo radiante, placas fotovoltaicas y ventilación de doble flujo, que garantizan bienestar durante todo el año.
La intervención ha resaltado además la horquilla natural invertida que sostiene la viga cumbrera, una pieza maciza de roble donde se conserva grabada la fecha de una gran reforma del caserío: 1779.